Ficha del sendero
Este recorrido circular comienza en el corazón de Prainha, en la plaza Dr. José Machado Serpa. Aquí se concentran varios puntos de referencia de la parroquia: la Iglesia de Nossa Senhora da Ajuda, la Junta de Freguesia, la sede de la Sociedade Filarmónica, el quiosco y el Império do Espírito Santo.
Poco después, el camino se abre sobre un escenario rural hecho de pequeñas quintas, huertos y viñas, estas últimas resguardadas por los currales de basalto negro tan característicos de Pico. Ligadas a esta tradición vitivinícola están las antiguas bodegas, hoy reutilizadas como casas de veraneo y alojamiento de turismo en espacio rural. Cerca de la Bahía del Canto da Areia se atraviesa la antigua viña del Morro: abandonada hace mucho, fue siendo invadida por matorrales costeros de brezo (Erica azorica), palo blanco (Picconia azorica) y haya (Morella faya). Es una zona de gran riqueza natural, con flora y fauna endémicas, y un lugar importante de nidificación del pardela (Calonectris borealis), ave marina protegida por legislación nacional e internacional, razón por la cual está clasificada como Área Protegida para la Gestión de Hábitats y Especies, integrada en el Parque Natural de la Isla de Pico.
Desde el mirador de Ponta da Rocha se alcanza un bello panorama sobre las parroquias de Santo Amaro y de Prainha. A lo largo del sendero se va cruzando también con un valioso patrimonio construido: las ruinas de uno de los primeros núcleos habitacionales de la parroquia y de la propia isla; la Casa do Fio, edificio modesto donde antiguamente los moradores se reunían para transformar la lana cardada en hilo y que sirvió además de puesto de amarre del cable telefónico submarino; y la Ermida de São Pedro, cuya cruz descansa en un bloque de piedra donde está esculpido un rostro humano.
Merecen aún atención los viejos puentes de piedra y las llamadas “casas de recogida de pasto”, usadas para guardar aperos, productos agrícolas o forraje para los animales. Ya en la parte más cercana al mar, se pasa por un pozo de marea y por un molino de viento giratorio, y hay dos zonas de baño que invitan a una pausa: el Canto da Areia, una de las raras playas de la isla, y la Poça Branca, piscina natural de aguas cristalinas. El regreso se hace a la misma plaza de partida, desde donde se avista la vecina isla de São Jorge.
Fuente: Trilhos dos Açores - Visit Azores