Ficha del sendero
Circular y con salida en el lugar de Toledo, este sendero te lleva a tres de las fajãs más conocidas de São Jorge: Manuel Teixeira, Rasa y Vasco Martins. Una buena parte del recorrido se desarrolla dentro del Parque Natural de São Jorge, en el área protegida de gestión de hábitats y especies de la costa noroeste, e integra la zona núcleo de la Reserva de la Biosfera de las Fajãs de São Jorge. Las fajãs son la imagen de marca de la isla: pequeñas plataformas de terreno plano a orillas del mar, nacidas de desprendimientos de los acantilados o de coladas de lava. El suelo fértil y el microclima templado las hicieron propias para cultivos que no prosperan en las cotas altas de la isla.
La caminata arranca junto a la Ermida de São José, de 1889. Siguiendo por la derecha, a lo largo de la antigua carretera regional, comienza después el descenso por los antiguos campos de maíz y trigo, hoy transformados en pastos. Es un tramo de declive suave, con vistas abiertas hacia la Ponta Furada y la Fajã do Ouvidor; en días despejados, llegan a avistarse la Graciosa y la Terceira en el horizonte.
Más abajo surge la Fajã Manuel Teixeira, también llamada Fajã do Caminho do Meio por causa de un antiguo sendero en escalinata, abandonado después del terremoto de 1980. Quedan aquí pequeños bancales, antaño con viña y frutales, el cultivo de ñame junto a los manantiales, ruinas de construcciones antiguas, los tendederos de leña y la Ribeira da Quebrada. Atravesando este arroyo con cuidado, se alcanza la Fajã Rasa, una estrecha franja de tierra a orillas del mar donde en tiempos se sembraba viña, patata, melón y sandía. Fue frente a esta fajã que, a mediados del siglo XIX, encalló en los bajos el barco español Algorta, cargado de algodón; toda la tripulación se salvó y fue recibida en la bahía.
El sendero continúa hasta la Fajã Vasco Martins, una de las mayores y más aisladas de la isla e igualmente abandonada, como las otras, tras 1980. Aquí destaca la cascada del Poço das Airoses, cuyo nombre viene de las anguilas que allí existen, conocidas localmente como “airoses”. Estas fajãs fueron durante mucho tiempo la base de la economía y del sustento de la gente de Toledo y de Beira, y hoy se encuentran casi desiertas, pero aún muestran señales de ese pasado: bodegas, lagares y antiguos campos de cultivo.
El regreso se hace subiendo, por un atajo abierto en el acantilado, entre vegetación endémica y panorámicas amplias. Allá arriba, se retoma el camino de acceso a los campos agrícolas hasta llegar a la carretera regional; se gira a la izquierda y se sigue de vuelta al punto de partida.
Fuente: Trilhos dos Açores - Visit Azores